En proceso de mudanza

Tráigame el curriculum


JORGE AGOBIAN /@jorgeagobian
* Este texto fue publicado en la sección Echa tu cuento de Últimas Noticias en abril de 2012

            Salió con una chola en la mano. Apurada, espelucada, con los ojos pelados y una sonrisa disimulada en los labios. En la otra mano llevaba el papel.

            El matatán de la empresa más reconocida del país le había prometido echarle una manito para que, al fin, encontrara un trabajito. Nada del otro mundo, sólo algo para bandearse mientras tanto. 

                A todo pronóstico y hasta con diarrea entregó el curriculum ¡Qué muchacha más emocionada, carajo! Se había graduado en el 2007 de ingeniera –graduarse de ingeniero no es mantequillita con pan- y había pasado cuatro años pelando, literalmente. Más o menos comía, si es que comía, por unos productos de pie y de mano que vendía. Pero que va, eso no enriquece a nadie. La pobre está panda hacia el lado derecho de tanto cargar con la caja de productos.

                Lo cierto es que entregó el curriculum, si se le puede llamar curriculum. Una hojita tamaño carta con la foto en la esquina, los nombres y los dos títulos que había obtenido. Mas abajito, el número de teléfono y el correo. Lo que más o menos le daba colorcito a aquel papel era el nombre de la Universidad donde se graduó, pero mas nada.

                Pasaron los días y nada que la llamaban. Gastó las cuatro lochas y media que le quedaban llamando al señor de la empresa. Cada vez era una sonrisa cuando colgaba el teléfono: “Me dijo que ya habló con Perencejo”, “Acomódate, maita, ya viene lo bueno”, “A puntico maita, a puntico”.

                Y así se le fueron dos meses. Los bolsillos los tenía limpiecitos de tanto tiempo que no los tocaba. Se desesperó, reaccionó y con la cara larga se acostó en la cama que ya tenía un hueco en el centro de tanto tiempo que pasaba ahí, acostada, viendo el techo roto.

                Siguió vendiendo los productos, enriqueciendo a otros que mensualmente le dejaban la cajita llena de cremas y otras porquerías. El título de ingeniera lo colgó en la pared, como si fuese un santo, un Dios. Definitivamente, en el 2011 no hubo trabajo en este país.

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